Quien recuerda la afectación de septiembre del 2013, que se realizó en la escultura ecuestre de El Caballito que sufrió daños “irreversibles” en un 50% de su superficie tras la restauración ordenada por el Fideicomiso del Centro Histórico –que dirige Inti Muñoz Santini– y la Autoridad del Centro Histórico por lo que se presentó una denuncia ante la Procuraduría General de la República (PGR), contra quien resulte responsable.
El resultado del daño a la escultura ecuestre de El Caballito,
es que se uso ácido nítrico al 30% lo que ocasionó la “pérdida
irreversible de la pátina original” que recubrió la escultura de Carlos IV
durante más de 200 años. Este efecto también
ocurre con los monumentos históricos y arqueológicos cuando se les agrega
cemento, la originalidad tiende a desaparecer, ya que este es una materia prima
que no se usaba en el pasado y que se le agregan componentes como Calcio (Ca),
Sílice (Si), Aluminio (Al) y Hierro (Fe); lo que provoca una vez que entra en
contacto con la humedad sales que llevan a un mayor daño irreparable.
Hay normas del cómo se debe intervenir un monumento por
especialistas. Se debe contar con un dictamen de autorización por parte del
INAH y evitar actuar por cuenta propia ya que se viola la Ley Federal sobre
Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos.
El precio de la reparación puede acceder a una suma que rebasa la restauración.
El inicio de obra en áreas consideradas monumentos arqueológicos e históricos pueden
llevar a suspensiones y posteriormente a una valoración de los daños y por
consecuencia proceder conforme a la ley ya que el desconocimiento de la misma
no exime de responsabilidades.
La ley contempla que los municipios y asociaciones pueden coadyuvar con el INAH, pero no hacer actuaciones sin que estas se notifiquen para tener
los vistos buenos para evitar un mal
proceso de restauración, deslinde de responsabilidades y recapacitar que los
monumentos históricos- arqueológicos son una parte del patrimonio urbanístico,
artístico e histórico de la ciudad y del país, por lo que resulta preocupante que
todavía se crea que se puede realizar cualquier tipo de intervención sin conocimiento
previo del INAH.
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