miércoles, 8 de abril de 2026

El preguntón incomodo: ¿estamos preparados para un turismo de alta altura en el municipio de Tula de Allende, Hidalgo?

La pregunta surge por el articulo de opinión de José Guadalupe Rodríguez Cruz titulado "En Confianza", que analiza el estado actual del turismo en Tula, Hidalgo (Miércoles / 08-04-2026 / Ed. 2251 Nueva Imagen). El autor cuestiona si la ciudad tiene las condiciones necesarias para recibir visitantes, a pesar de contar con atractivos importantes como la zona arqueológica de Tula.



Se debate la capacidad de Tula para atraer turismo frente a años de abandono y una oferta limitada. El turismo se ve afectado por la falta de visión, ejemplificado por el cierre de la Sala Histórica durante Semana Santa en el 2026. 

Se necesita mejorar la seguridad, la señalización y la capacitación de los prestadores de servicios para consolidar a Tula como ciudad turística. 

El análisis que se presenta sobre el presente artículo pone el dedo en la llaga de una realidad común en muchos destinos con potencial natural, histórico y arqueológico: la brecha entre tener "atractivos" y ser realmente un "destino turístico".

Es claro que se busca atractivos, sin construir un plan a corto, mediano y largo plazo de Tula como destino turístico. Por eso es muy acertada la crítica del autor. Existe la falsa creencia de que tener una zona arqueológica de la magnitud de los Atlantes y que esto sea suficiente para que el turismo florezca por sí solo.

La realidad es que el verdadero turista moderno no busca solo una foto; busca una experiencia que no encuentra en Tula. Si al salir de la zona arqueológica el visitante encuentra calles descuidadas o falta de servicios, el impacto positivo de la visita se pierde.
Es coma la promesa de un Paseo Quetzalcóatl que termino como la calle principal de las peluquerías. Hay una contradicción operativa como el cierre de la Sala Histórica durante Semana Santa, el corazón de la ciudad se convierte en una "tragedia" administrativa.
Si en la temporada de mayor afluencia los espacios culturales están cerrados, el mensaje que se envía es de desinterés profesional. No basta con promocionar lo que no se tiene, sino se cuenta con esas experiencias y solo reparten boletos con información personal. 
Esto demuestra que no hay una alineación entre el discurso político de "querer turismo" y la ejecución operativa real.Tula no compite solo contra su propia historia, sino contra otros destinos cercanos (como los Pueblos Mágicos de Hidalgo o Teotihuacán) que sí han invertido en: 
Señalización: Vital para que el turista se sienta seguro y orientado.
Capacitación: El trato del prestador de servicios (meseros, hoteleros, guías) es lo que genera recomendaciones de boca en boca.
Actualización: En los destinos naturales, históricos y arqueológicos. 
Seguridad: Para tener también una vida nocturna segura, ya que sin esta, la derrama económica se reduce a una fracción mínima. Para que Tula deje de ser un lugar de "paso" (donde la gente va, ve los Atlantes y se va a comer a otro lado) y se convierta en un destino de pernocta, se requiere cubrir lo anterior; sin esperar que otros resuelvan estos problemas y se le eche la culpa a terceros. 
Conclusión: El texto de Rodríguez Cruz es una llamada de atención necesaria. Tula tiene el "diamante en bruto", pero la falta de gestión y visión lo mantienen oculto bajo una capa de abandono institucional. La voluntad política debe traducirse en presupuesto y mantenimiento, no solo en buenas intenciones.
Quizás sea conveniente preguntarnos: ¿el problema de Tula es principalmente la falta de presupuesto, o es más bien una cuestión de mala gestión de los recursos que ya existen?

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