miércoles, 4 de febrero de 2026

Descubrimiento de la tumba de K'inich Janaab' Pakal en 1952

La historia del descubrimiento de la tumba de K'inich Janaab' Pakal en 1952 es digna de una película de Indiana Jones. El protagonista fue el arqueólogo franco-mexicano Alberto Ruz Lhuillier, y la anécdota más fascinante es cómo un detalle aparentemente insignificante reveló el secreto mejor guardado de los mayas.

Tomado de: https://www.milenio.com/cultura/palenque-abren-exposicion-descubridor-tumba-pakal

A diferencia de las pirámides de Egipto, se creía que las pirámides mayas eran solo bases sólidas para templos, no mausoleos. Sin embargo, en 1949, Ruz Lhuillier notó algo extraño en el suelo del Templo de las Inscripciones: vio una serie de orificios alineados en una de las losas. Al meter un dedo y sentir un hueco debajo, se dio cuenta de que no era tierra compacta. Al levantar la piedra, descubrió el primer escalón de una escalera colmada de escombros, piedras y cal.

No fue un descubrimiento de un día para otro. Ruz y su equipo tardaron tres años en limpiar la escalera. Los mayas la habían rellenado deliberadamente para proteger la tumba. Imagina trabajar en el corazón de una pirámide en la selva de Chiapas, con una humedad sofocante y sin ventilación. Al llegar al fondo, encontraron la tumba con ofrendas y los restos jóvenes sacrificados, lo que les confirmó que estaban a las puertas de algo monumental.

El 15 de junio de 1952, finalmente quitaron la última piedra. Ruz Lhuillier fue el primero en asomarse con una linterna. Su descripción es casi poética: "Mis ojos buscaron el rastro de la luz para mirar el interior... se presentaba como una enorme sala que parecía tallada en hielo, cuyas paredes estaban cubiertas de estalactitas y estalagmitas que brillaban como cristales." Lo que él creía que era una cueva de hielo eran en realidad formaciones de calcio acumuladas durante siglos, y las paredes estaban decoradas con relieves de los Nueve Señores de la Noche (los Bolontiku).

Una de las anécdotas más curiosas es el descubrimiento de un conducto de piedra que iba desde la tumba, subía por toda la escalera y llegaba hasta el templo superior. Los arqueólogos lo llamaron el psicoducto. Se cree que servía para que el espíritu de Pakal pudiera comunicarse con los vivos o recibir ofrendas sonoras desde el exterior mientras su cuerpo descansaba en el sarcófago.

Un dato curioso para cerrar: Alberto Ruz Lhuillier amó tanto este lugar que, cuando falleció en 1979, sus cenizas fueron depositadas frente a la pirámide, para que pudiera custodiar a Pakal por la eternidad.

La tumba del arqueólogo descubridor de Pakal: Alberto Ruz Lhuillier



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