Marvin Harris, el máximo exponente del materialismo cultural, plantea en Bueno para comer (originalmente titulado The Sacred Cow and the Abominable Pig) una tesis fascinante: nuestros gustos y tabúes alimentarios no son caprichos espirituales o arbitrarios, sino que responden a causas pragmáticas, económicas y ecológicas.
La tesis central: El pragmatismo sobre el símbolo
Harris
desafía la idea de que comemos lo que "nos gusta" o lo que nuestra
religión dicta por puro dogma. Él sostiene que:
- Lo que es "bueno para
pensar" es primero "bueno para comer".
- Las culturas desarrollan
preferencias por alimentos que ofrecen un alto beneficio nutricional a un
bajo costo ecológico y económico.
- Los tabúes surgen cuando un
alimento se vuelve demasiado costoso de producir o representa una
amenaza para la supervivencia del grupo.
Los casos emblemáticos
El cerdo "abominable"
¿Por qué
judíos y musulmanes prohíben el cerdo? Harris rechaza la explicación de la
triquinosis (puesto que otros animales también tenían parásitos).
- La razón: El cerdo compite con los
humanos por el agua y los granos, y no ofrece servicios adicionales
(leche, lana, tracción). En el ecosistema deforestado del Oriente Próximo,
criar cerdos se volvió un lujo ecológicamente insostenible. El tabú
religioso "protegió" a la comunidad de una mala inversión
económica.
La vaca "sagrada"
En la
India, el tabú de no comer carne de vaca parece irracional ante el hambre.
Harris argumenta lo contrario:
- La razón: Los bueyes son esenciales
para arar los campos de los campesinos pobres. Si un campesino se come su
vaca durante una sequía, se queda sin "fábrica de bueyes" y
pierde su medio de vida para siempre. La religión santifica al animal para
garantizar la supervivencia de la agricultura a largo plazo.
Harris
explica que los humanos tienen un "hambre de proteínas" biológica.
Esto explica por qué el canibalismo azteca no era solo un rito, sino una
respuesta a la falta de grandes herbívoros domesticables en el Valle de México
para alimentar a la élite y al ejército.
Preferencias modernas: Leche y Mascotas
- Lactofilia vs. Lactofobia: La capacidad de digerir
leche en la edad adulta no es solo genética, sino una adaptación en
culturas que dependían del ganado y tenían poca luz solar (necesidad de
calcio).
- Mascotas: No comemos perros o gatos
en Occidente porque son más valiosos vivos (como compañeros, cazadores o
protectores) y porque producirlos para carne sería ineficiente
energéticamente en comparación con los herbívoros.
El libro
concluye que la "irracionalidad" de las dietas ajenas desaparece
cuando analizamos el balance de calorías invertidas frente a calorías
obtenidas. La cultura es un mecanismo de supervivencia, y la gastronomía es
su herramienta logística.
La
edición de 2016 mantiene la vigencia de Harris al recordarnos que, ante la
crisis climática actual, nuestras decisiones alimentarias siguen siendo, en el
fondo, una cuestión de ecología política.
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